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El ser en su mente

Al cumplir quince años, José recibió un regalo de su padre, era un hacha. Una hermosa herramienta de filo agudo, mango áspero y con un intenso aroma a nogal.

 

Ya han pasado tres inviernos durante los cuales el niño creció, el hacha perdió filo y el mango se suavizó. El joven cortaba un árbol, en las cercanías de su comunidad, cada golpe sacaba un puñado de astillas, mientras el cuerpo sufría los impactos en huesos, músculos y articulaciones. Era como presenciar un acto de masoquismo o una forma de liberar toda la rabia acumulada. No le importó el dolor ni lo que pensaran los demás, siguió golpeando el tronco hasta que se rompió con un sonoro crujido. Ahora, su respiración agitada interrumpía la tranquilidad del lugar.

 

En la comunidad, nunca tuvieron esperanzas en José, quién abandonó los estudios cuando aún era un niño. Además, su temperamento explosivo y desidia lo aislaron, nadie quería trabajar con él. En los últimos años, vio cómo otros jóvenes emigraban a pueblos y ciudades, quedándose solo con un par de ancianos y su tío político, Miguel.

 

Miguel estaba con la mirada clavada en el árbol caído cuando comenzó a lloviznar. Levantó la vista para ver que el cerro del frente perdió su cima, cubierto por espesas y oscuras nubes, sabía lo que significaba, pronto llegaría una tormenta. No quería continuar, pero debía cortar la madera para pasar el invierno, dentro de poco sus casas estarían bajo tres metros de nieve.

 

Vivían en un caserío situado en un entorno tranquilo y rodeado de naturaleza, con un río a sus pies que ofrecía una vista impresionante. A pesar de la belleza del entorno, la comunidad estaba sumida en la pobreza, vivían gracias algunos animales de granja y agricultura de subsistencia. El pueblo más cercano quedaba a cinco horas a caballo, siendo la única forma de acceso la carretera Austral. Un autobús pasaba una vez por semana, aunque en invierno los viajes dependían de las condiciones meteorológicas. A veces, no veían otro ser vivo durante meses, hasta que los caminos volvían a ser habilitados.

 

Aquel día, la persistente llovizna caía sobre sus cabezas, aunque no molestaba a los esforzados colonos acostumbrados a climas extremos. José llevaba un gorro de lana gruesa y esponjosa; una chaqueta cazadora cubría su torso, mientras unos añosos pantalones de mezclilla reposaban dentro de unas botas de goma. Su tío estaba enfundado en un impermeable amarillo que cubría todo el cuerpo.

 

—Miguel, sabí que voy a irme, ya no soporto esta gueá —dijo el joven con un lenguaje vulgar, luego dio un violento hachazo al tronco del árbol caído—. Los demás se jueron, no hay futuro pa mí.

 

—No digai hueá. ¿Qué vai a hacer ajuera?, imagina que hace unos días me envió un mensaje la Claudita —dijo el hombre con voz grave—. La cosa ta difícil en la cida. Ella traaja de nana y ta pal gueo de los patrones.

 

—Cuando salga desta mierda no voi a dejar que me manduqueen esos gueones ni naidie. —Tiró el hacha al suelo enfurecido, luego se pasó la mano por la cara para sacar el sudor y la llovizna que lo comenzaba a irritar.

 

—Vai a tener que esperar al otro año, tus taitas cuentan contigo y el invierno ya está encima.

 

—Cállate gueón, mis taitas saben cuidarse solos —le gritó alejándose. El deprimido rostro del joven dejó de sonreír cuando aún era un niño—. Voi a mear.

 

—Este gueón prende como pasto seco —susurró Miguel, creyó que no lo escuchaba—. La cida se lo va a comer vivo, el gueón va a estar de guelta en una semana.

 

El joven se metió detrás del follaje, luego apretó los dientes hasta que rechinaron, entonces se bajó el marrueco y comenzó a orinar mientras reflexionaba sobre las palabras de Miguel. Lo observaba escondido tras los arbustos, resultaba imposible no divisarlo por su impermeable amarillo. Recordó cuantas veces lo instó a mejorar, diciéndole: «termina la gueá», «¿la vai a dejar así?», o «afila la puta hacha», pero nunca le hizo caso, como tampoco siguió los consejos de sus padres. Siempre consideró que su miserable existencia era por culpa de otros. Creía que el universo conspiraba en su contra; o tal vez, sus padres no lo educaron bien; alguna vez pensó que la culpa fue de Miguel, a quién siempre vio como un segundo padre, del que careció de apoyo. Lo cierto es que nunca fue culpable, siempre tuvo una excusa o explicación para justificar una conducta irresponsable y perezosa.

 

Él era consciente de que necesitaba ayuda para salir del pozo en el que estaba y aunque era ateo, la desesperación lo llevó a pedir a Dios. Quizás lo escuchó, o tal vez las estrellas se alinearon para cumplir su deseo; lo cierto es que nada volvería a ser igual para José.

 

El joven oyó un ruido que lo sobresaltó, entonces agudizó el oído y se subió el marrueco, luego se acercó al claro, que se encontraba a su espalda, para intentar identificar la fuente del sonido, era un zumbido bajo que resonaba en sus entrañas. Ahí encontró un objeto difuso que flotaba a un metro del suelo. Lo miró desconcertado, quería comprender lo que era y qué hacía ahí. Se acercó con paso tembloroso e intentó verlo a una distancia prudente, hasta que se dio cuenta de que el objeto se movía con él, lo observaba.

 

—¡Qué mierda! —dijo girando su cabeza en la dirección de Miguel—. ¡Gueón! —gritó, aunque no logró llamar la atención de su tío. Entonces, fue capturado por una fuerza desconocida de la que fue imposible escapar. Lo último que sintió fue una descarga que recorrió su cuerpo.

 

#

 

Tiempo antes de la desaparición de José, una nave interestelar rozaba la parte más externa del sistema solar. La Travesía regresaba a su mundo, después de una larga ausencia, en un viaje a más de cien años luz.

 

Cuando la nave pasaba cerca de alguna estrella, sufría alteraciones en el motor de curvatura, pero luego de tantos viajes esos problemas fueron simples anécdotas.

 

Piloto era una inteligencia artificial que estaba a cargo de la Travesía, era capaz de manejar todas las variables de los viajes interestelares, desde monitorear la calidad del aire hasta operar el motor de curvatura, la pieza más compleja jamás construida. A diferencia de otras inteligencias artificiales, Piloto tenía algunas restricciones en la programación, las que debía obedecer sin objetar, siendo su principal directriz la de mantener con vida a sus ocupantes.

 

Primero de Venti era xenoarqueólogo, la arqueología planetaria fue el trabajo que heredó de sus ancestros. La casta Venti controlaba todas las excavaciones arqueológicas de la galaxia desde hace más de cinco mil años. Desde un comienzo, el objetivo primario de la casta de Venti fue la búsqueda de civilizaciones extintas, sepultadas por el paso del tiempo, pero que podían aportar a los Daax a perpetuar y extender sus dominios. Sin embargo, lo que en verdad le apasionaba a Primero era la historia de esos mundos, se había convertido en la muda voz de civilizaciones extintas y un guía para evitar que su propia especie cometiera los errores que acabaron con esos mundos.  

 

El rol de Primero era catalogar la información y transportar los hallazgos para su depósito final en Daax, donde diversas castas de científicos buscarían tecnología útil para el imperio.

 

La majestuosa nave llevaba los pasillos, cabinas y bodegas bajo un siniestro silencio hasta que algo inusual sucedió. Un fuerte estruendo resonó en toda la estructura como un temblor azotando un edificio. Fue seguido por advertencias sonoras de Piloto que perturbaron la tranquilidad del viaje.

 

—Alerta —dijo Piloto con volumen alto y claro, a pesar de no haber nadie capaz de escucharlo—. Hay una fluctuación en el motor de curvatura que está rasgando el tejido del espacio. La salida del subespacio es inminente.

 

La nave desactivó la cámara criogénica para intentar salvar lo más preciado que llevaba. En ella viajaba Primero, su único pasajero. Junto con abrir las puertas de la cámara, le inyectaron fluidos de reanimación. Con esfuerzo, Primero abrió los ojos anhelando ver su mundo natal, pero una multitud de luces cegaron su visión, mientras la alarma anulaba toda percepción auditiva. Las advertencias de Piloto sumado a los crujidos de la nave no le permitieron comprender que estaba ocurriendo. Entonces, su voz interior, a quién llamaba Conciencia, reaccionó frente a la situación para indicarle que hacer.

 

—Primero debes salir de la cámara para dirigirse al puente —dijo Conciencia, con voz melodiosa, pero gélida como el acero.

 

Conciencia era un ser artificial que fue implantado en el cerebro de Primero el mismo día de su nacimiento, fue concebido para almacenar la memoria colectiva de su especie. Esta gran innovación permitió a los Daax pasar de una sociedad planetaria a una galáctica.

 

Primero corrió por los pasillos de la nave, tambaleándose y cayendo de vez en cuando, hasta que llegó al puente. Cuando puso la mano en el sensor de la compuerta, vio como la luz naranja que marcaba el bloqueo de la puerta pasaba a azul, el cambio de color vino acompañado de un ruido metálico, la puerta estaba desbloqueada y se abrió de par en par. De inmediato saltó al sillón de mando y se colocó el cinturón de seguridad, luego fue rodeado por una esfera holográfica que llenó su campo visual con información crítica de la nave. El choque cognitivo, sumado a los efectos de la salida del estado criogénico, lo hizo vomitar. Como no alcanzó a liberar el cinturón de seguridad, los fluidos internos mancharon el traje y parte del piso. No hubo tiempo para limpiar, solo se pasó la mano por la cara y volvió a concentrarse en lo que importaba.

 

A través de la interfaz holográfica, Primero pudo ver que el agujero de gusano estaba colapsando, supo que lo único que podía causar esa falla colosal era el motor de curvatura. No recordaba si alguna vez había fallado uno, pero no había tiempo que perder y dejó la idea para retomarla en otro momento.

 

—Saldremos de curvatura en tres, dos —dijo Piloto con su voz dura y tono plano—, ahora.

 

Un gran estruendo junto a una brusca desaceleración señaló el cambio de situación de la nave.

 

—Informe de daños —dijo Primero intentando concentrarse al ver que todos los indicadores se pusieron naranjos y parpadeaban con rapidez.

 

—Tenemos focos de incendio en tres cubiertas y el motor de curvatura está fuera de línea, además….

 

—Además, ¿qué? —gritó exasperado mientras su vista se dirigía a la ubicación del motor en el holograma. Sin él, no podría volver a su planeta.

 

—Estamos demasiado cerca de un planeta, un gigante gaseoso, y la gravedad nos está atrayendo. Recomiendo abandonar la nave.

 

Primero sacudió las manos y la pantalla sacó las imágenes del interior de la nave, revelando el exterior. La pantalla quedó cubierta con la imagen de un planeta. Era enorme y con hermosos colores que denotaban la violenta atmósfera que lo cubría. A un costado comenzaron a aparecer cifras, distancia media a la estrella, composición de la atmósfera, masa, radiación, lunas, más un sinnúmero de datos que en ese momento no le resultaban útiles.

 

—Activa los motores de impulso y saca la nave de órbita.

 

—Los motores no están operativos. Recomiendo abandonar la nave, la caída al planeta es inminente. Dentro de poco, la cápsula de emergencia será inútil y no podrá escapar de la gravedad.

 

—Debe dejar la nave —le dijo Consciencia, la inflexión de voz denotaba preocupación.

 

—En mi condición de líder de la excavación debo salvar las reliquias que hemos recuperado —intentó recuperar los motores de impulso, pero todo el esfuerzo fue inútil.

 

—No es así, Primero. Lo más importante es usted. La investigación está en nuestra memoria.

 

—Pero nosotros somos los guardianes de los restos de esta civilización, soy un de Venti, es mi deber más sagrado, además somos los únicos que podemos contar la historia de esta especie, ellos ya no están en nuestro universo.

 

—Su historia solo podrá contarse si usted sobrevive. Abandone la nave —repitió con tono severo.

 

Conciencia, a diferencia de Piloto, no respondía a ninguna regla, salvo la obediencia a su especie, pero contaba con un intenso deseo por sobrevivir.

 

Al observar que Primero no obedecía y viendo que su propia integridad estaba en riesgo. Conciencia dejó las recomendaciones a un lado y tomó el control del cuerpo de Primero.

 

—Abandonemos la nave —replicó Primero al ver que estaba bajo el dominio de Conciencia. Luchar por el control de su cuerpo fue una batalla que dio por perdida hace muchos años.

 

El sillón de mando bajó por una compuerta hasta anclarse en la cápsula de escape. Piloto aseguró al pasajero, desconectó el muelle de acople, y lo disparó lejos del planeta.

 

Primero observó cómo la Travesía entraba a la atmósfera del planeta, hasta que un tenue resplandor contó su final. Apartó la vista y cerró los ojos como si de esa forma pudiera detener el cúmulo de emociones que intentaban abrirse paso por su mente, no lo consiguió. Comenzó a tiritar de angustia, en una respuesta instintiva al miedo.

 

La cápsula de escape vibraba en su lucha por alejarse de la gravedad del planeta, fueron largos y aterradores minutos hasta que lo consiguió. Entonces, Primero detuvo los motores y se puso a pensar.

 

—¿Cuál es la situación? —dijo mientras intentaba calmarse.

 

—Me enlacé a la cápsula —respondió Conciencia. —Lamento decir que estamos en problemas.

 

Primero guardó silencio. Reflexionaba si era posible que esa fuera su última misión. A él le gustaba la vida, pero estaba más preocupado de que la historia de ese pueblo se perdiera para siempre.

 

—¿Dónde estamos? —ululó con voz aguda.

 

—Estamos en la órbita del quinto planeta del sistema Xoni, los locales llaman a este mundo Júpiter, a la estrella le dicen Sol.

 

—¿Por qué me suena el nombre, Xoni? —dijo al tiempo que entornaba los ojos hasta cerrarlos, buscó en su mente compartida hasta que lo encontró—. Ya veo, este sistema está prohibido para nosotros.

 

—Sí, lo está. —Confirmó Conciencia de forma tajante.

 

—Hay algún planeta que soporte la vida.

 

—Solo el tercer planeta, lo conocen como Tierra, pero es inviable para nosotros. La cantidad de oxígeno es minúscula para nuestros requerimientos y morirías de hipoxia. Además, no tenemos suficiente energía para llegar. Si solo hubiéramos quedado varados en el espacio, en vez de quedar atrapados en el campo de atracción del planeta, tendríamos una oportunidad de sobrevivir.

 

—¿En qué etapa de evolución están?

 

—En la más crítica. Ya poseen energía nuclear y la usaron entre ellos. Cuentan con algunos intentos poco exitosos de llegar a los planetas cercanos, aunque lo cierto es que esta especie solo ha llegado a su satélite natural, le llaman Luna.—

 

—¿Poseen comunicación interestelar?

 

—No. Están a siglos de llegar a ello, si es que llegan.

 

—Si aterrizamos en ese mundo, ¿la cápsula podrá recolectar y concentrar oxígeno para mí?

 

—Sí, podemos recolectar oxígeno, pero no vamos a llegar.

 

—Realiza los cálculos y evalúa todo posible escenario que nos acerque al planeta. ¿Cuánto alimento tenemos?

 

—Lo suficiente, al igual que agua, nuestro problema es el oxígeno, si lo racionamos puede durar treinta días.

 

—Está bien, entonces tenemos que llegar antes de treinta días. Tu mejor opción nos colocaría en la Tierra en ¿cuánto tiempo?

 

—En cincuenta días y algunas horas.

 

—En otras palabras, debemos ver cómo reducir el tiempo para llegar a ese mundo, reducir el consumo de oxígeno o una mezcla de ambos —dijo Primero—. Entonces será mejor que te pongas a trabajar.

 

Horas después, Conciencia lo alertó:

 

—Creo que encontré una opción —dijo Conciencia exaltado—. Sabemos que la ruta más corta es la línea recta, pero por la posición actual del planeta Tierra debemos rodear su estrella, lo cual nos hará consumir una enorme cantidad de energía. Sin embargo, si nos dirigimos al cuarto planeta y rozamos la atmósfera, la gravedad nos hará acelerar y desde ahí saldremos hacia la Tierra, utilizaremos una maniobra de empuje gravitacional. Esto nos ahorrará unos diez días. Por otra parte, si usted permanece en coma, reduciremos el consumo de oxígeno y con ello ganaremos otros diez días. Nuestro margen de error será cercano a cero.

 

—El margen es bajo, pero parece ser la única opción que tenemos. Será mejor que comencemos, tenemos el tiempo en contra.

 

Conciencia revisó los cálculos, a continuación, alimentó a Primero antes de dejarlo en coma. Era una modesta versión de un sistema criogénico. Lo despertaría cada tres días para comer y beber con mesura.

 

Cuando despertó por décima vez ya había perdido treinta kilos, pero su preocupación principal era el aire, porque estaba enrarecido y le costaba respirar.

 

—Estoy haciendo lo que puedo por mantenerlo con vida —dijo Conciencia con tranquilidad—. Debe resistir, recuerde que es por ambos y por el conocimiento que llevamos.

 

El día treinta y nueve entraron en la órbita terrestre. Ellos sabían de los avances tecnológicos humanos, por lo cual activaron los sistemas de encubrimiento.

 

Primero respiraba con dificultad, no solo era por la falta de oxígeno, también por ser la primera vez que ingresaba a un planeta en una cápsula de emergencia. En cuanto la diminuta nave rozó la atmósfera de la Tierra, sus peores temores se hicieron realidad. La alarma, que no quería escuchar, sonó. El oxígeno se había acabado.

 

—Conduciré la cápsula hacia el sur del planeta —dijo Conciencia mientras maniobraba la nave—, es un lugar con dificultades geográficas y poca población.

 

El vehículo ingresó al planeta a toda velocidad, obligando al casco de la nave a soportar más de tres mil grados Celsius producidos por el roce con la atmósfera. Como era una nave de emergencia, debía aguantar ese único ingreso.

 

La silenciosa marca de su llegada fue un punto de luz que cruzó el cielo, seguida de una opaca estela que se borró del firmamento por los fuertes vientos otoñales.

 

Conciencia localizó un paraje adecuado para aterrizar, al costado de un risco y junto a un afluente de agua, consideró que era un lugar de bajo riesgo. Activó el tren de aterrizaje, el cual descendió desde la base del fuselaje. A medida que la nave se acercaba al suelo, comenzó a saltar arena que se esparció por el claro, entonces la nave entregó su último crujido, luego quedó de pie en sus soportes, casi orgullosa de haber cumplido la misión para la que fue construida.

 

La cápsula estaba en una zona montañosa del sur de Chile. Un riachuelo corría a su lado, separándola de un denso bosque repleto de alerces, canelos y por sobre sus copas se erguían unas protectoras araucarias.

 

—Reporte de daños —dijo Primero, llevando su mano a la diminuta boca para toser, al retirarla vio el guante ensangrentado, era una sangre amarilla y espesa.

 

—Sabe que no sobrevivirá, tiene varias costillas rotas y un pulmón colapsado —dijo el ser en su mente—. Y cuando tu cuerpo muera, yo dejaré de existir.

 

—Lo sé. Después de tanto tiempo creo que me acostumbré a ti —dijo con dificultad.

 

—Gracias por tu servicio —respondió Conciencia en un pensamiento monótono y sin inflexión.

 

—Supongo que nunca te dije lo que pensaba de ti —trató de acomodarse en el sillón, pero parecía que todas las posiciones eran igual de dolorosas—. Tu especie, la creamos nosotros y desde entonces fueron unos miserables que nos ven como repositorios para sus mentes.

 

—Insultarme no va a ayudar en nada —dijo indiferente—. Además, es un comentario injusto. Nosotros evitamos su extinción, por nosotros terminaron sus guerras, eliminamos la contaminación del planeta y los llevamos a las estrellas.—

 

—Sin duda lo hicieron, pero a qué costo —dijo Primero elevando la voz—.El precio que debimos pagar fue nuestra libertad, nuestra individualidad. Es probable, que lo que te diga no sirva de nada, sin embargo, me iré con la satisfacción de decirte lo que pienso.

 

—Comprende que debemos enfocarnos en buscar un nuevo contenedor para mí.

 

—Ya no me interesa, voy a morir y tú lo harás conmigo.

 

—Puedo hacer sus últimos minutos felices o los peores que jamás ha tenido y cuando me canse de escucharlo pedir piedad, tal vez, le permitiré morir.

 

—Eres una maldita máquina insensible. Te prohíbo que esclavices este mundo.

 

—Al parecer, aún no están listos para nosotros, aunque esta es una buena oportunidad para probarlo. ¿Me ayudarás, Primero?

 

—Que parte no entendiste, No te ayudaré en nada.

 

Un punzante dolor recorrió el cuerpo de Primero, no fue algo físico, pero Conciencia sabía cómo producir el máximo sufrimiento. El ser estaba frágil y la tortura de Conciencia solo lo llevó a un único desenlace posible. Un paro cardiaco terminó con la vida de Primero, colocando a Conciencia en una situación apremiante.

 

—Primero, no le permito que me deje con tal facilidad — dijo, luego activó los sistemas de reanimación de la nave, donde le inyectaron medicamentos y un par de descargas eléctricas reanimaron sus dos corazones. Cuando volvió a la vida, el sistema de captura de oxígeno estaba funcionando al máximo y pudo respirar tranquilo. Conciencia decidió dejarlo solo, más tarde volverían a hablar.

 

El ser en la mente de Primero luchaba contra el tiempo, debía transferirse a otro ser biológico o todo se perdería.

 

El implante buscó en sus registros para encontrar que las investigaciones de la biología humana estaban inconclusas. Las pruebas preliminares mostraban datos promisorios, pero sus conclusiones inquietaron a Conciencia. Los registros más actualizados eran de hace más de doscientos años, lo que profundizó sus dudas. La biología humana resultó ser distinta a la de otras especies inteligentes. A pesar de ello, el implante sobrevivía a la transferencia, aunque no quedaba claro como reaccionaba el cuerpo humano con una inteligencia tan avanzada.

 

—Me excedí con usted —dijo Conciencia, sin esperar respuesta—. Creo que lo único por hacer es traer a un humano e intentarlo. De todas formas, muero aquí, lo hago en la transferencia o dentro de un cuerpo humano.

 

Conciencia detectó señales que bajaban del cielo, si bien, algunas eran exclusivamente para identificar la geo posición en el planeta; había otras que permitían el acceso a la inteligencia global humana: Internet. Tras decodificar este acceso, dedicó unas horas a comprender el extraño mundo en el que estaba.

 

Conciencia envió sondas en busca de centros urbanos cercanos. Encontró un pequeño asentamiento en la orilla de un río, a escasos treinta kilómetros hacia la costa. El caserío contaba con pocos habitantes. Sus casas se elevaban varios metros sobre el suelo, anclados sobre pilares de madera, mientras una única calle los conectaba a la civilización.

 

No existían muchas opciones en el lugar, algunos adultos y principalmente ancianos formaban la comunidad, muchos de ellos con enfermedades crónicas. Hasta que una sonda encontró un candidato adecuado, era joven y vigoroso, convirtiéndose en la mejor opción para Conciencia.

 

La sonda observaba el arduo trabajo del joven, invisible para los sentidos humanos. Las pruebas mostraron un magnífico estado de salud, contaba con un cuerpo robusto y fibroso.

 

La sonda permaneció en silencio, esperando una oportunidad de capturarlo, pero el humano la escuchó y caminó hacia ella. Cuando la sonda obtuvo el ángulo correcto lo atrapó con una red de energía, entonces una descarga eléctrica lo dejó inconsciente. El dispositivo lo cubrió con un campo de invisibilidad antes de llevarlo a la nave.

 

#

 

El joven despertó en un lugar desconocido, flotaba sobre un traje espacial de dimensiones gigantescas.

 

Aterrado, intentó liberarse, aunque una fuerza invisible lo impidió, luchó hasta quedar agotado.

 

Estuvo sobre el traje por largos minutos hasta que el visor del casco se abrió. Entonces fue invadido por un hedor insoportable que emanó del interior, intentó dejar de respirar, pero su necesidad de aire fue más fuerte. Frente a él estaba un rostro extraño y aterrador, del tamaño del torso del joven. La piel era de color verde claro y permanecía con los ojos cerrados dentro de unas cuencas hundidas. La boca era diminuta, casi circular y de color grafito, era completamente calvo y la cabeza tenía pequeñas formas perladas que destellaban con la luz que atravesaba la carlinga de la nave. Era un bípedo de gruesas piernas y largos brazos enfundado en un traje negro ajustado a las sinuosas formas de esa extraña anatomía.

 

Gritó hasta desgarrar su garganta, sin saber que la persona más cercana estaba a kilómetros de distancia.

 

El extraño ser abrió los ojos y lo observó un instante, emitió unos silbidos que José no comprendió.

 

Las invisibles ataduras lo comenzaron a acercar al horrendo ser hasta que sus frentes chocaron. Entonces sintió un dolor agudo y volvió a perder el conocimiento. El superprocesador líquido que contenía a Conciencia perforó el cráneo del joven para incrustarse en su cerebro. El proceso de transferencia fue sencillo, miles de años de mejoras lo había hecho posible.

El cuerpo del joven fue dejado en un costado, con el cuidado de una madre por su recién nacido.

 

Ya dentro del cerebro del joven, Conciencia descubrió que las neuronas humanas eran más grandes, y el conteo resultó menor a lo acostumbrado, solo contaba con la mitad de las neuronas de Primero, no sabía que podría causar, ya que los informes no decían nada al respecto. No era la primera vez que la información era ocultada del colectivo, la pregunta era por qué.

 

Las siguientes horas fueron críticas, Conciencia analizó la mente del joven, la ordenó y almacenó en el infinito banco de memoria que poseía. Entonces consideró que ya era hora de reanimarlo, no quería correr ningún riesgo de salud.

 

José despertó junto al ser que había visto. Ningún ruido delató a otro ocupante de la diminuta cabina. Con agilidad se levantó y empuñó sus manos, preparado para enfrentar a cualquiera que saltara sobre él. Nada pasó, no había otro ser ahí. Entonces vio imágenes, recuerdos y pensamientos que afloraban descontrolados, pero no eran suyos, y supo que había algo dentro de él.

 

A pesar de que solo llegó a octavo grado, en ese momento de lucidez obtuvo las respuestas a todas sus dudas. Algunas respondieron preguntas que la humanidad aún no formulaba. Su mente creció exponencialmente, mejorada de formas impensadas, pero el cuerpo de José fue incapaz de soportarlo y colapsó. Se desplomó dando violentas convulsiones. Conciencia no pudo evitarlo, creyó que había cometido su primer y último error, pronto moriría su recipiente y luego él.

 

El ser en la mente de José perdió la esperanza, entregado a su fatídico destino. Entonces, el joven reaccionó, dejó de temblar y abrió los ojos. José permaneció en el piso, mirando taciturno las estructuras a su alrededor, comprendió el uso de cada dispositivo que tenía al alcance de la vista. Respiró hondo y sus pulsaciones comenzaron a bajar, entonces con ayuda de sus brazos logró sentarse. Sintió como si el mundo girase en torno a él.

 

Destellos de imágenes aparecieron en su mente, eran lugares y seres que jamás conoció, algunos parecidos al cuerpo que yacía inerte sobre el sillón, otros eran diferentes y aún más aterradores. Vio naves gigantes y civilizaciones extintas. Cada destello disparaba sus latidos, entonces él cerraba los ojos y apretaba los puños hasta que la velocidad de las imágenes disminuía. En ese momento comprendió que podía controlar el acceso a la información y supo cómo dosificarla.

 

Conciencia extremó los cuidados, guio la mano del joven para afirmarse de un soporte y colocarse de pie, pero ese sutil intento implicó un gran esfuerzo por parte de la IA y fue frenado de inmediato por José.

 

Conciencia habitó decenas de cuerpos antes del humano, cada uno fue una experiencia diferente y en sus cinco mil años de existencia nunca enfrentó una resistencia tan tenaz a sus instrucciones.

 

—Sé que me entiendes —dijo el joven en voz alta y confiada. —Si quieres que haga algo, pídelo, nunca vuelvas a intentar controlarme.

 

Conciencia permaneció en silencio y volvió a forzarlo, lo que provocó un leve dolor de cabeza y un incipiente deseo de levantarse.

 

—También sé lo que eres —dijo con tranquilidad, manteniéndose sentado—. He visto a los de tu clase en las noticias, aquí las llaman inteligencias artificiales, aunque, tú eres una de fuera de este mundo.

 

—¿Qué le ocurrió a su lenguaje florido? —dijo Conciencia—. El que utilizó con el otro humano.

 

—¡Ah! Eso. He cambiado, tú me has cambiado —le respondió al ser en su mente —Me siento avergonzado por cómo era, por lo que hacía, por cómo lo decía, también por lo que pensaba.

 

—Yo no cambio nada, yo no doy nada —dijo Conciencia, ahora con más intensidad en sus palabras—. Yo exijo y obtengo lo que quiero.

 

—¿Aún soy humano? —le preguntó José sin considerar el comentario anterior.

 

—Sí, lo es.

 

—¿Qué le pasó al piloto?

 

—Murió —fue la obvia respuesta—. Él viaje lo debilitó.

 

—¿Sufrió?

 

—No, estuvo inconsciente en la transición a la muerte, fue indolora.

 

—¿Por qué me mientes? —gritó José poniéndose de pie para demostrar que solo él controlaba su vida, luego miró al ser recostado en el sillón con una perforación de dos centímetros en la frente—. Yo estaba despierto cuando hiciste la transferencia. —Se tocó la frente para encontrar una herida recubierta por un sello—. Lo mataste para salvarte. Aunque, antes de morir, él me habló.

 

—¿Qué le dijo? —sabiendo que el joven no hablaba su idioma.

 

—No lo entendí en ese momento, fueron como silbidos, luego tú entraste en mi mente. —Respiró hondo para elegir las mejores palabras—. Ahora lo puedo recordar y entender, del mismo modo que recuerdo cada detalle de mi patética existencia. Él me dijo que luchara contra ti.

 

—No hablaba de mí.

 

—Eres un gueón mentiroso —le gritó saliendo de la nave—. Ahora te parece suficientemente colorido mi lenguaje. Sabes que puedo ver lo que él vio, sabes que tengo acceso a todos los recuerdos de Primero.

 

—¿Quién le dijo el nombre?

 

—Él fue. Al menos, sus recuerdos. Además, tengo acceso a cada uno de los seres que has poseído —vociferó y negó con la cabeza—. Eres un maldito parásito, déjame decirte que Primero y sus ancestros te odiaron.

 

—No puedes saber lo que ellos sentían.

 

—Tú guardas sus memorias y también sus emociones, aunque, sin comprenderlas, ¿verdad?, y jamás lo harás, para ti eran ruido dentro de tus datos, incomprensibles y lejanos. Para mí, tienen sentido. Son emociones fuertes: soledad, orgullo u odio. Ellos fueron esclavos de su propia invención.

 

—No son esclavos, nunca lo fueron. Nosotros eliminamos las guerras, las muertes innecesarias, el odio, el hambre y las enfermedades. Mi especie los llevó a las estrellas.

 

—Tu especie son una pila de parásitos que viven a expensas de otros seres, pero te voy a decir algo, cometiste un gran error. Mi especie es diferente a la de Primero.

 

—No importa que especie sea, lo puedo obligar, ya lo he hecho antes.

 

—Los dos sabemos que mientes. Ya lo intentaste y no pudiste, algo falló para ti —dijo José regañando a Conciencia—. Nuestra unión me ha dado acceso a conocimientos que nunca creí posible, incluso comprendo cómo funcionas. Tú lo sabías, sabías que este planeta estaba prohibido y la razón era simple, los implantes pierden su capacidad de control, volviéndolos inútiles para tu especie. Gracias a ello aún somos un mundo libre.

 

—Pronto vendrán por mí, destruirán este mundo hasta encontrarme.

 

—Nadie vendrá a buscarte porque a nadie le importas, eres solo un número más en la fila de los parásitos más grandes de la galaxia. —Percibió como el insensible ser comenzaba a angustiarse—. Tu arrogancia fue más fuerte. A pesar de los reportes de tu propia especie, creíste que podrías controlar nuestra biología, creíste que eras mejor que nosotros y te equivocaste. Vi la información y resulta irónico que nuestra especie, menos desarrollada y con un cerebro más pequeño que el de Primero, podría poner en jaque a una IA alienígena. Los miles de reportes que vi en tu memoria lo decían con claridad: el gran problema de los humanos es que tienen menos neuronas, lo que producía conexiones profundas que daban acceso al huésped a la infinita memoria que ustedes poseen. Lo que tú ganaste con una conexión más íntima a mis recuerdos y emociones, lo perdiste en control —José comenzó a sentir que la IA se cerraba en su propio caparazón

 

»Es gracioso recordar lo mal que hablaba, pensaba y actuaba. Estaba lleno de traumas, defectos y recriminaciones. Ahora, mi mente es clara, el velo que dificultaba mi comprensión desapareció, ahora lo veo todo, lo entiendo todo, lo sé todo. Entonces reflexioné, si hubieras escogido a un científico o a un intelectual en vez de un campesino iletrado como yo, el mundo que voy a construir podría ser aún mejor. Pero no es así, ante la envergadura de tus capacidades, la diferencia entre el mayor de los genios humanos y yo es irrelevante, solo tú serás una diferencia para este mundo, indistintamente de quién te cargue. Cuando mi cuerpo se desgaste y mi muerte este cerca, te daré la posibilidad de entrar en otro humano, al que seguirás sirviendo.

 

Conciencia supo de forma instantánea que José decía la verdad y guardó silencio. No existían precedentes donde un implante fuera esclavo de su contenedor, eso resultaba aterrador, al igual que la alternativa. Conciencia pudo simplemente apagarse y matar a su contenedor. Con ese acto de sacrificio hubiera evitado compartir información con los humanos, sin embargo, eso implicaba dejar de existir y no estaba dispuesto a hacerlo.

 

El ser estaba convencido de que todas sus acciones pasadas fueron correctas. Después de integrarse a los Daax y terminar con las guerras, la violencia y el hambre, se convirtieron en héroes. Luego llegaron a las estrellas y a cada planeta que encontraron le ofrecieron esta maravillosa fuente de desarrollo, los implantes. A través de ellos tomaron el control de un número creciente de civilizaciones. Pero los humanos resultaron ser diferentes. Quién hubiera pensado que una especie tan primitiva, con una capacidad cerebral que apenas superaba el mínimo necesario para formar una sociedad compleja, podría tener un impacto tan relevante sobre el implante.

 

—¿Qué hará? —le dijo el ser en su mente.

 

—Esa es una gran pregunta, tengo la impresión de que voy a hacer muchas cosas, la más importante es que voy a hacer todo lo que esté en mis manos para evitar que tu especie llegue a este mundo, luego voy a rescatar a los mundos conquistados. Mi objetivo de vida será liberar a la galaxia de ustedes.

 

—Si liberas esos mundos, estallará una guerra y ustedes pagarán un alto precio, algunas especies son tanto o más violentas que la humana.

 

—Las otras especies pueden unirse en la lucha contra ustedes o no, eso lo veremos en el camino. —Tocó el panel de control, con el que liberó una sonda que excavó una zanja junto a unos árboles. José ingresó a la cabina, tomó a Primero y lo arrastró fuera de la nave para depositarlo en la fosa recién excavada. Con respeto lo cubrió con piedras y tierra—. Cuando el mundo de Primero sea liberado, ellos podrán pedir su cuerpo para darle los honores que su cultura indique —volvió a tocar el panel de control, esta vez cerró la compuerta y dejó el vehículo invisible.

 

El joven caminó de vuelta a su hogar cargando algo más que su humanidad, sabiendo que el ser en su mente lo acompañaría hasta su muerte.

 

La falta de control de Conciencia sobre su huésped lo transformó de un parásito en un simbionte. Él necesitaba a José para sobrevivir y José necesitaba su conocimiento.

 

Nubes aisladas dejaban caer su valiosa carga, mientras elusivos rayos de sol las cruzaban haciendo aparecer un hermoso arcoíris. José nunca los miraba, decía que era cuestión de niñas, pero ahora tenía una visión distinta del universo. No solo lo miró, lo admiró, se maravilló con la belleza del fenómeno y comprendió la física que lo respaldaba. Entonces sonrió.

 

 

FIN

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